perro y ninosAutora: Marcela Díaz. Adiestradora de perros de Asistencia

Seguramente muchas personas recuerdan algún perro durante su infancia, tal vez una mascota que tuvieron en casa o el simpático perro con el que jugaban junto con sus amigos o el perro callejero que rondaba por el barrio.
Da la sensación de que estos dos cachorros (el canino y el humano) sí saben entenderse y lo pasan muy bien ¿Qué sucede, entonces cuando nos enteramos por los noticiarios de ataques de perros a niños?

Para un niño, tener un perro puede ser muy beneficioso, son una excelente compañía, un amigo y generador de amigos (no hay duda que un perro motiva a otros a acercarse, conversar y conocerse), además permite que los padres le enseñen sobre los cuidados y responsabilidad que significan cuidar a otro ser vivo. A pesar de todo esto, un perro es un perro, piensa como un perro y sus instintos son aún muy fuertes a pesar de estar cerca del ser humano hace miles de años. El instinto de presa, la territorialidad, la dominancia, son fundamentales para su supervivencia como especie; y es una importante misión enseñar a los niños como relacionarse de la mejor manera con este cuadrúpedo integrante de la familia.

Para el perro la familia es una manada y él ocupa una posición variable. Lo que los humanos entendemos por celos no es más que la sensación de que su ubicación jerárquica se ve alterada a la baja. Con la llegada de un bebé, independientemente de la raza y el tamaño del perro, es importante presentarlos y permitirle al perro oler al nuevo integrante de la familia, acompañando esto con palabras suaves. La presencia del bebé debe estar relacionada siempre a momentos agradables y no debe haber cambios en la relación con el perro que puedan ser asociados con la presencia de éste (menos atención, prohibición de entrar en alguna habitación, prohibición de acercamiento, etc.). Cualquier cambio en las restricciones, deben comenzar tiempo antes de la llegada del bebé.

No olvidemos, sin embargo, lo vital que resulta que el perro tenga contacto con niños durante su etapa de socialización (aproximadamente hasta los 3 meses de edad), que no le tema a sus movimientos, gritos y “torturas”. Durante esta etapa es mayor su deseo de investigar, que sus miedos; y las experiencias vividas quedarán marcadas para siempre en su memoria e irán formando su personalidad.

Los perros deben saber soportar la forma que tiene los niños para “acariciarlo”, que no siempre son muy dulces, como tirones de cola, de orejas, metida de dedos en los ojos, en la nariz, etc., etc. De esta forma, y sin proponérselo, están imponiendo su posición dentro de la jerarquía de la familia con respecto al perro; le están dejando claro, que aunque pequeños, están por sobre él. Es importante que TODO contacto de los niños con el perro sea supervisado por un adulto, que pueda tener el control de la situación. Esto muy bien lo explica Antonio Pozuelos Jiménez, en su artículo “Truco, Kika y sus exhibiciones” (publicado en www.todoperros.com), quien dice que, ya que no puede confiar ni en un individuo de la especie humana para quedarse a solas con sus hijos (aludiendo a casos de niñeras y madres que golpean a bebés, abandono y maltrato), menos lo hará con un perro, aunque sea el mejor del mundo.

Así como resulta indispensable educar al perro para que se comporte bien con los niños (socialización y adiestramiento), también es importante enseñar a los niños a ser respetuosos con los animales, la manera de acariciarlos y jugar, saber cuando el perro no debe ser molestado y a reconocer los signos de amenaza y enojo.

Sin duda niños y perros pueden ser grandes amigos. Aprendamos a ser responsables para permitirles tener cuando mayor un hermoso recuerdo de un querido perro en su infancia.

Consejos

Elija una raza adecuada, considerando el tamaño, sexo, nivel de ejercicio y nivel de tolerancia con los niños.
Preocúpese de criar a un perro equilibrado mentalmente, dándole pautas de convivencia, un período de socialización de calidad (ver artículo de “socialización”), tiempos de distracción, etc.
Nunca deje a sus niños solos con el perro.
Enseñe a los niños a respetar al perro, muéstrele que ellos sienten dolor igual que nosotros.
No olvidar que el perro no piensa como nosotros y no interpreta las cosas de la misma manera.

Para prevenir mordeduras

No molestar al perro cuando duerme, cuando come y en su rincón
No mirar al perro directamente a los ojos, ya que esta actitud representa una amenaza y una provocación.
Reconocer los signos previos de agresión, como erizamiento del pelo del lomo, orejas agachadas hacia atrás, exhibición de dientes, gruñido, mirada fija a los ojos.
Al acercarse a un perro desconocido hacerlo lento, por el costado, nunca de frente y sin mirarlo directamente. Dejar que huela nuestra mano, presentándosela desde abajo.
En caso de agresión enrollarse como bolita, escondiendo la cara y sin moverse.

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